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Ilse Aichinger es una de las autoras más importantes del territorio alemán del siglo 20. Nació el 1ero de Noviembre de 1921 con su gemela Helga, como hija de una médica judía y un profesor, en Viena.  La primaria y secundaria las realizó en Viena. Tras la entrada de Hitler a Austria en 1938 perdió su madre pronto su consultorio, departamento y puesto como trabajadora estatal. Su hermana Helga pudo emigrar en 1939 a Inglaterra donde aún vive. Para Ilse siguió la persecución, la guerra y luego el estudio de medicina hasta 1947. Luego escribió la novela “La esperanza más grande” – un éxito para la literatura nueva europea.

En 1953 se casó con Günter Eich [1907 – 1972]. La obra de Aichinger recibió grandes reconocimientos.

Ella decía que: “Escribir es aprender a morir – es experimentar todo por última vez, si entendiéramos ésto, se abriría la vida frente a nuestros ojos”. Sin embargo leer a Ilse Aichinger es aprender a vivir…

Texto de Ilse Aichinger: “El antiguo armario de libros”

En éste último día superó la suave ausencia de los niños todos los límites. Y la abuela culpó a Ellen de que el armario de libros no haya sido aún vendido. Éste antiguo armario de libros, que sacaba su valor de los sueños de vivos y muertos y daba las gracias de su precio al chantaje. ¿A quién debía uno explicarle ésto?

>>Necesitamos el dinero para la mudanza<<, explicó la abuela antes de irse. >>El armario debe ser vendido.<< >>Para la mudanza<<, repitió Ellen. >>¿Para cuál mudanza?<< Sola daba vueltas por los cuartos sin calma, como un traidor traicionado.

El coche esperaba antes del último cementerio. El armario debía ser vendido. ¿Por qué precio se vende, aquello que se ama?

>>A ti por dinero<<, explicaba Ellen al armario, >>y el dinero por la frontera. ¡Me tienes que entender, tú por la frontera!<<

Con ambos brazos trataba de abrazar al armario. El primer comprador se fue, porque no entendía el sentido de la relación entre sueño y negocio, el segundo se fue, porque descubrió en un ángulo del armario una araña. Y recién con el tercero empezó Ellen una negociación. No fue una mala negociación, ya que empezó con un silencio. Cuando ambos habían callado por tanto tiempo, que habían logrado conocerse un poco, le lanzó Ellen al asombrado comprador sus argumentos fantasiosos sobre la cabeza. Ella hablaba defendiendo al antiguo armario.

>>Cruje<< dijo ella, y puso su dedo sobre las carcomidas alas del armario y las movió suavemente. >>Y cuando pasa el tren por aquí cerca empiezan a vibrar los cristales. ¿Quiere esperar hasta que pase un tren?<<

El comprador se sentó sobre una mecedora que pronto se volcó. El se paró y no respondió. >>El armario huele a manzanas<<, susurró Ellen amenazante e indefensa. >>Bien abajo tiene una tabla de menos, ¡ahí se puede uno esconder!<< En vano intentaba poner en palabras duras lo inefable. Olvidó, completamente, decir que el vidrio de las puertas del armario había sido pulido, como la abuela le había enviado a comunicar, y olvidó mencionar la pieza de marquetería de ambos lados.

>>En otoño cruje, ¡cómo si tuviera un corazón!<< explicaba ella, sin embargo,  triunfantemente.

>>¿Cruje uno en otoño, cuando se tiene un corazón?<< preguntó el comprador. Entonces, esperaron ambos, en silencio, al tren.

>>¡El viento está pasando!<< dijo Ellen, como si tuviera que mencionar ésto para probar el valor del armario. >> ¿Cuánto quiere pagar?. <<

>>Yo espero<<, dijo el comprador sin moverse. >>Yo espero al tren.<<

El tren vino y los cristales vibraron.

>>Él tiene miedo<<, dijo Ellen y su puso pálida, >>el armario tiene miedo de usted.<<

>>Lo tomo,<< dijo el comprador. >>Por favor, deme un precio.<<

>>Gracias<<, dijo Ellen, >>pero, no lo sé – él le tiene miedo a usted.<<

>>Se calmará<<, dijo el comprador.

>>¿Puede pagarlo?<< dijo Ellen con miedo.

>>No<<, respondió el comprador triste, >>no, no puedo pagarlo. El armario cruje y huele a manzanas. Le quedaría debiendo.<< Y puso un billete de 500 marcos sobre la mesa.

>>¡No!<< rechazó Ellen el dinero. >>Mi abuela dijo: ¡Nada debajo de 550 marcos!<<

>>Dígale a su abuela: nada por encima de un sueño profundo.<< Y el comprador se fue, sin recoger nunca el armario. Él había comprado el olor a manzanas y la cara pálida de Ellen.

Escrito por:arteterapiaec

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