Para cultivar relaciones de correspondencia y reciprocidad es importante mantener un equilibrio sano entre el dar y el recibir.

Hay gente que le gusta mucho dar [“los dadores”], que es muy servicial, que le encanta ayudar a solucionar problemas a otros. Y hay otro tipo de gente que le encanta recibir [“los recibidores”], que la ayuden a solucionar problemas, sentirse apoyada.

El equilibrio entre este dar y recibir es el principio básico para que las relaciones funcionen de forma armoniosa. Cuando el equilibrio se rompe empiezan las peleas, los conflictos, rabia [en caso del que da y no recibe], sensación de sentirse perdido, desamparado.

Cada quien da desde donde puede y cada quien recibe desde donde puede. Lo importante es mantener la consciencia de yo te doy con amor y recibo con amor lo que tú tienes para darme. Cuando sólo me gusta dar y dar y dar, le quito al otro la oportunidad de ser generoso conmigo, de darme. En el caso de que me guste recibir, es esencial, aprender a ponerme en los zapatos del otro y pensar que el otro también quiere sentir el placer de recibir.

Es primordial que exista un intercambio amoroso entre el dar y recibir, porque cuando nos quedamos o sólo en el dar o sólo en el recibir se crea conflicto, caos, se crean peleas, se crea discordia.

Recibir tiene que ver con nuestra autoestima

Según Mireia Simó, psicóloga gestalt, en la medida que podemos recibir, vamos acumulando pequeños gestos positivos a nuestro autoconcepto. Y sabemos que estamos recibiendo cuando eso nos toca el corazón, cuando podemos escuchar lo que la otra persona nos da y cuando podemos reconocer lo que experimentamos.

Las experiencias positivas que acumulamos nos impulsan a dar, participando en un intercambio fluido y sano.

Identificamos que algo se mueve en nuestro interior y podemos detenernos a saborearlo sin quitarle importancia y sin pasar corriendo a otra cosa para no conectar con ese gesto bonito, con ese regalo inesperado, con ese beso espontáneo o con esas palabras especiales. Cuando eso ocurre, acumulamos una experiencia positiva en nuestro interior que alimenta nuestro ser, que nos hace sentirnos valiosos y queridos, y desarrollamos sentimientos de amor que nos impulsan a dar, a devolver algo a la persona de la que recibimos.

Eso no significa que tengamos la obligación de hacerlo, sino que cuando este intercambio se da de manera fluida y sana, la reacción surge espontáneamente. Cuando uno recibe, siente el deseo de dar y se produce lo que Peter Bourquin, terapeuta gestáltico y pionero constelador familiar, llama una “dinámica de compensación”.

Algunas habilidades nos facilitan tener unas relaciones sanas, con vínculos fuertes y duraderos, y entre ellas está la de saber recibir.

 Por otro lado, según la psicóloga clínica Brigitte Champetier de Ribes, existen reglas del buen dar y del buen recibir.

Reglas del buen dar:

  • Solo dar lo que tengo.
  • Solo dar lo que el otro puede recibir.
  • Solo dar lo proporcional a lo que el otro puede devolver.
  • Dar desde el adulto, al otro adulto.

Las reglas del buen recibir:

  • Valorar lo que el otro me da, sabiendo que siempre será distinto de lo que he dado.
  • Agradecer, dándole un poco más, para marcar mi reconocimiento, y un poco más cerca de sus necesidades.

Dar y Recibir: el Equilibrio que fortalece las Relaciones

Finalmente, la coach ontológico Verónica Freire nos recuerda que crecimos escuchando afirmaciones como “es mejor dar que recibir”, o “la modestia es una gran virtud”, una serie de afirmaciones que sobrevaloran al dar y restan valor al recibir, y terminamos incorporando estas creencias sin saber que el equilibrio entre ambos es lo que crea relaciones sanas de correspondencia y reciprocidad.

Esto hace que a muchas personas les cueste recibir atenciones, cuidados, favores e incluso un simple cumplido, por no parecer arrogantes, engreídas o superiores. Se sienten incómodas, avergonzadas e impelidas a justificarlo automáticamente, a quitarle valor, o a responder ofreciendo dar algo a cambio, en vez de simplemente aceptar y agradecer.

A la larga, nadie aprecia a un “dador nato” y nadie soporta darle perpetuamente a un “recibidor nato”.

A continuación, algunas preguntas para reflexionar sobre el tema.

  1. ¿Cuál es el patrón predominante en tus relaciones?: ¿Dar o recibir? ¿Con cuál te sientes más cómoda(o)?
  2. ¿Qué ha estado motivando tu dar?: ¿miedo a estar sola(o)? ¿necesidad de controlar la dinámica de la relación? ¿el evitar ser abandonada(o)? ¿una manera de probar tu valor a otros? ¿necesidad de ser indispensable?
  3. ¿Qué ha estado motivando tu recibir?: ¿comodidad? ¿ensimismamiento? O ¿vergüenza? ¿timidez? ¿un sentido de falta de merecimiento?

En base a las respuestas, te sugiero algunas prácticas para buscar el equilibrio.

Para los “Dadores”

  1. Controla tus impulsos y espera lo que “sale del otro” antes de hacer algo por otra persona.
  2. Practica el “pedir” conscientemente dos veces al día durante 30 días. Puede ser algo simple como pedir una información, pedir que te ayuden a cargar algo, que te inviten a un café, que te lleven a alguna parte. La idea es atreverte a pedir cosas que normalmente no pedirías y de manera repetitiva, para que tu cuerpo aprenda.
  3. Pon atención a las oportunidades para “recibir” que surgen, cuando te ofrecen algo que normalmente rehusarías y donde normalmente te convertirías en dadora(or), y practica recibir: que te abran una puerta, que te ofrezcan pagar el café o el almuerzo, que te den un cumplido.

Para los “Recibidores”

  1. Trata de entender lo que el otro necesita y conscientemente toma la delantera en el dar.
  2. Pon atención a lo que sucede a tu alrededor y a las oportunidades que hay para ayudar y/o dar a alguien. Pueden ser cosas muy simples como: ceder tu asiento, llamar a alguien por teléfono que sabes tiene una necesidad, y preguntarle si hay algo que tú puedas hacer para ayudar.

Con estas prácticas no estarás yendo en contra de tu naturaleza, sino que estarás practicando el aprendizaje adulto, creciendo, desarrollándote, para un mayor bienestar en tu vida. Vas a darte cuenta de que dar y recibir no son energías opuestas, sino polos de una misma energía de intercambio que al estar en equilibrio, fortalece todas tus relaciones.

Fuentes:

 

Escrito por:arteterapiaec

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